Alborada

Faltaban unos diez minutos para las doce y todo estaba muy callado. Cinco minutos; la cosa seguía igual; me asomé al balcón asombrado: «Ay marica, va a haber un cambio. Este es el fin de la Alborada. O tal vez la gente está conmovida por lo del Chapecoense», pensé yo con un poquito de esperanza en la humanidad. Pero no. A las doce, empezaron a sonar los primeros voladores en la periferia, en la ladera de las montañas de oriente. Fueron pocos; todavía tenía un poquito de esperanza: «Bueno, por lo menos se redujo», creí yo. ¡Ts! Esos primeros voladores tal vez los echó gente sincronizada con los relojes de acá. La Alborada empezó unos minutos más tarde y duró unos diez o quince minutos. Ahora empiezan a reportar quemados.

Justamente hoy estaba leyendo el Génesis: «... los sentidos y pensamientos del hombre están inclinados al mal desde su mocedad...».

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sirgazil

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