La dictadura de los conductores malos

Hoy, en una estación del Metro, estábamos una señora con una niña en brazos y yo esperando a que cambiara el semáforo peatonal para cruzar la calle. En esas, un motociclista paró frente a nosotros, parqueó la moto sobre la cebra tapándonos el paso y se bajó. Entonces le dije yo al conductor: «Hermano, ¿y esa moto ahí qué? ¿Cómo pasamos nosotros?». El conductor me hizo malacara, miró un espaciecito que quedó entre la moto de él y otra que ya estaba parqueada detrás, me volvió a mirar y me dijo con rabia: «¡Ah, si no cabe por ahí me dice!». Entonces le respondí yo: «¡Pues por eso le estoy diciendo! Y además ¿la señora qué?» (porque la señora era más o menos el doble de ancha que yo). El man se hizo el güebón y nos dijo ¡que no se demoraba! ¡Mucho hijueputa! Como quién dice, espérenme yo hago mis vueltas y los peatones que coman mierda. Yo tenía mucha rabia y estaba consciente de ella (tal vez por eso no tiré la moto al suelo, porque quería hacerlo). Yo no hice más que ver cómo se iba manoteando y sacando disculpas.

El semáforo cambió y la señora y yo tuvimos que pasar por donde pudimos. ¡Qué frustración! ¡Qué impotencia! Por eso mi rabia, porque la movilidad parece estar dominada por la dictadura de los malos conductores en esta ciudad.

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sirgazil

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