El Papa dijo «arepa»

Ayer estuvo el Papa en el Valle de Aburrá.

Me entristeció ver el poder tan impresionante que tiene la Iglesia en estas tierras. El anuncio de la llegada de una sola persona hizo que se modificara el funcionamiento del aeropuerto y del metro, los canales de televisión parecían estar dedicados única y exclusivamente a seguir cada movimiento del Papa durante todo el día. Pero es obvio, porque la República de Colombia, que dice ser laica, realmente es católica. La Iglesia siempre está donde está el gobierno.

Me molestó ver a tanta gente amontonada para ver pasar a una persona en un carro y a muchas otras esperando la oportunidad de que un humano famoso los mirara o los tocara. Incluso después de que el mismo Papa le aclaró a esa misma gente que ni él ni los demás clérigos son santos, sino simplemente humanos como cualquier otra persona. ¿En qué se diferencia una bendición del Papa de un «que te vaya bien», honesto, dicho por cualquier otra persona? La bendición del Papa tiene más valor porque viene de un ser encumbrado. Estos católicos están embelesados con la celebridad, con la apariencia, con la jerarquía (una de las cosas que criticó el mismo Papa en su discurso).

Me molestó más todavía los periodistas, que botaron el poquito de objetividad que tenían. Todos parecían católicos, repitiendo en tono ceremonioso las frases heredadas del catolicismo y que ni siquiera entienden y elogiando cada palabra del Papa. Y, peor todavía, convirtieron a todos los colombianos al catolicismo con expresiones como: «Todos los colombianos [ponga aquí cualquier expresión de bienvenida al Papa o de aprobación del catolicismo]».

A pesar de los elogios al discurso del Papa, a mí no me pareció nada extraordinario. Haciendo a un lado sus opiniones personales, el Papa dijo, con palabras locales, lo mismo que dice Jesús en la Biblia, y hasta menos. O sea, algunos de los mismos mensajes que ya están escritos en las biblias que tienen los católicos adornando las salas de las casas y que ni siquiera leen. La gente ensalzó lo que dijo el Papa simplemente porque él tiene un título prestigioso HOY. En unos días, cuando se acabe el evento, a la mayoría de la gente, Iglesia incluida, se le va a olvidar lo que dijo el Papa, igual que como pasó con Jesús. Y cuando el Papa se muera y lo conviertan en santo, la gente va a volver a oír lo que decía el Papa y van a volver a hablar solemnemente de sus discursos, usando las mismas frases heredadas del catolicismo que seguirán sin entender. Van a repetir y a repetir, pero no van a practicar.

Hablando de solo oír y no escuchar, parece que la gente no nota que en el discurso del Papa —y en el de Jesús— se habla de perdonar, de cambiar, pero nunca se dice cómo. Es que el Papa realmente no sabe y Jesús, posiblemente, tampoco sabía. Uno podría tomar las palabras del Papa como una reflexión sobre el mundo, la Iglesia y sobre el Papa mismo. Es como si el Papa estuviera expresando la frustración de una persona que sabe en lo que está metida, que quiere salir, pero que no puede. Que el materialismo, que la plata, que las jerarquías, que la «cara de estampita», que la santidad, que mil likes en Facebook. Es decir, el Papa hace parte de todo lo que critica, pero no puede salir porque no sabe cómo; porque la Iglesia siempre ha dicho qué hacer para ser mejor cristiano, pero no cómo.

Que las acciones son mejor ejemplo que las palabras. Sí, de acuerdo. Pero ¿CÓMO pasar a la acción? Los mensajes del Papa no tienen en cuenta la parte más importante que impide actuar: la mente. Imagínese el ejemplo que daría el Papa si renunciara al papado y a la iglesia...

Ayer el Papa dijo «arepa» y se escuchó una ovación.

✮ Comentar ✮

Información de la entrada:

Autor

sirgazil

Temas